¿Liberal? Sí, pero cuando me interesa
Estos días está siendo noticia el paro técnico (que no huelga) realizado por los profesionales del transporte de mercancias. La razón que aducen es el gran aumento del precio del gasóleo, que podría considerarse su materia prima. Este aumento ha hecho crecer sus costes y, por lo tanto, han disminuido sus beneficios.
Reconozco que la situación está complicada para ellos, pero no olvidemos que estos mismos transportistas aplaudían, a finales del 97, la liberalización del mercado de hidrocarburos. Supuestamente, esa medida iba a permitir una mayor competencia que haría descender los precios. La teoría básica del liberalismo, vaya.
Pues bien, las cosas no siempre son tan bonitas. El mercado libre tiene sus ventajas, no lo dudo, pero cuando las cosas se tuercen, entonces los mayores adalides de las liberalizaciones se vuelven hacia el estado exigiendo medidas. Señores, ¿queremos o no queremos mercados libres?
Y que conste que el sector de los transportistas tampoco es precisamente uno de los mayores representantes de este movimiento. Si usted realmente es defensor del mercado libre y tiene fe sincera en el poder autoregulatorio del mismo, seguramente le parecerí fantástico que abriesen las puertas de par en par al textil chino, ¿verdad? Pero no, en ese caso hay que proteger a la pobre industria textil local. Eso por no hablar de la crueldad que suponen las restricciones a la importación de productos de los paises africanos.
Es curiosa la complicada esquizofrenia que parecen padecer muchos de liberales (hoy está de moda el término neoliberal) ante estas situaciones. Si mi posición es fuerte y puedo salir victorioso de la competencia, que viva el mercado libre; pero en cuanto hay algún problema y mi situación se complica, ¿dónde está el estado que no hace nada por ayudarnos? Una posición, sin duda, completamente hipócrita y egoísta, y que no puede combatirse más que con una educación en los valores del sacrificio y la solidaridad (auténtica, no sólo cuando se es el beneficiario).
Reconozco que la situación está complicada para ellos, pero no olvidemos que estos mismos transportistas aplaudían, a finales del 97, la liberalización del mercado de hidrocarburos. Supuestamente, esa medida iba a permitir una mayor competencia que haría descender los precios. La teoría básica del liberalismo, vaya.
Pues bien, las cosas no siempre son tan bonitas. El mercado libre tiene sus ventajas, no lo dudo, pero cuando las cosas se tuercen, entonces los mayores adalides de las liberalizaciones se vuelven hacia el estado exigiendo medidas. Señores, ¿queremos o no queremos mercados libres?
Y que conste que el sector de los transportistas tampoco es precisamente uno de los mayores representantes de este movimiento. Si usted realmente es defensor del mercado libre y tiene fe sincera en el poder autoregulatorio del mismo, seguramente le parecerí fantástico que abriesen las puertas de par en par al textil chino, ¿verdad? Pero no, en ese caso hay que proteger a la pobre industria textil local. Eso por no hablar de la crueldad que suponen las restricciones a la importación de productos de los paises africanos.
Es curiosa la complicada esquizofrenia que parecen padecer muchos de liberales (hoy está de moda el término neoliberal) ante estas situaciones. Si mi posición es fuerte y puedo salir victorioso de la competencia, que viva el mercado libre; pero en cuanto hay algún problema y mi situación se complica, ¿dónde está el estado que no hace nada por ayudarnos? Una posición, sin duda, completamente hipócrita y egoísta, y que no puede combatirse más que con una educación en los valores del sacrificio y la solidaridad (auténtica, no sólo cuando se es el beneficiario).
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